En la antigüedad, la belleza y el arte eran conceptos estudiados por separado, sin embargo, con el tiempo, ambos conceptos se acercaron enfatizándose la belleza artística y el aspecto estético del arte, que se conformaron como los objetos centrales de estudio de la Estética. Esta disciplina fue iniciada por los antiguos griegos y se ha seguido desarrollando hasta nuestros días.

Los cánones de belleza, las formas de expresión y las técnicas relacionadas con el arte han ido cambiando en función del contexto histórico, los cambios de paradigma y las diversas transformaciones culturales y políticas que han tenido lugar en la sociedad. Los dos giros más destacables que alteraron la cultura europea y afectaron a la estética fueron el inicio de la Edad Media y el Renacimiento, dividiendo así la historia de la estética en tres periodos: antiguo, medieval y moderno.

El periodo clásico del arte griego fue un periodo canónico en el que se establecieron formas obligatorias con una justificación artística, que podían ser flexibles y cuyas proporciones podían expresarse matemáticamente, de acuerdo a la teoría pitagórica. De ese modo, se obtenía una belleza objetiva y unitaria basada en unas proporciones perfectas y armónicas que podían hallarse en la naturaleza y en el hombre.

Torso de Belvedere

El Torso de Belvedere es un fragmento de la estatua de un desnudo masculino firmado por el escultor ateniense Apolonio de Atenas y cumple los cánones de belleza clásica

La mímesis en el arte era considerada por Platón como una copia de los arquetipos de las ideas, y la entendía, por tanto, como algo engañoso. Tan solo era aceptable y verdadera cuando cumplía una faceta educativa y una utilidad moral que inclinaba a los hombres hacia la virtud, dotándose entonces de veracidad o justedad. Ambos criterios, utilidad y justedad, eran para Platón los objetivos esenciales del arte. No obstante, el filósofo creía que el arte se corrompía en el momento en que este afectaba a los sentimientos, ya que el hombre debía guiarse por la razón.

Para Platón, la belleza era entendida tanto por los valores estéticos como por los morales y cognoscitivos, y la relacionaba con la verdad y el bien, de forma que lo bello era útil o conveniente, y un placer para la vista y los oídos. Si tenemos en cuenta su ideología filosófica, nos será fácil entender su concepción de que lo bello era moralmente bueno, complementando así a los pitagóricos en su idea de la belleza consistente en objetividad, regularidad y armonía.

Platón

Para Aristóteles, el arte era una producción del artista, el cual debía poseer habilidades para realizar sus creaciones, en las que la realidad imitada podía embellecerse o afearse. Por otro lado, creía que la mímesis cumplía una función imitativa de la naturaleza para representar, sobre todo, acciones humanas –que provocaban una catarsis o purificación de las emociones– apartándose de la negatividad y el moralismo que le otorgaba Platón, es decir, el arte expresado mediante la mímesis contenía dos aspectos: la representación de la realidad y su libre expresión. Al hablar de mímesis, Platón se refería al primer aspecto, los pitagóricos al segundo y Aristóteles a ambos. La función del arte, según Aristóteles, contemplaba tanto el placer sensorial como intelectual, y su concepción de la belleza podría definirse así: “es bello lo que es valiosos por sí mismo y lo que a la vez nos agrada.”

Aristóteles

El arte y la estética helenos fueron muy clásicos, mientras que los helenísticos, posteriores, se alejaban del clasicismo en actitudes más barrocas –con mayor riqueza y dinamismo– o bien románticas –con tendencias hacia la religiosidad, el sentimentalismo o la transcendencia–. Ambas formas, helena y helénica, coexistieron paralelamente.

En la teoría antigua de la belleza predominaban las ideas de simetría y medida. Posteriormente, se añadió el concepto de armonía subjetiva y frente a ambas apareció la doctrina de Plotino, que abogaba por una belleza independiente de la simetría y por la mímesis, en tanto artista y obra eran imitaciones de las formas ideales, y el primero podía suplir las deficiencias de la naturaleza en su creación. Podemos afirmar, pues, que la estética antigua contemplaba en el arte formas expresivas y contemplativas, en una dualidad que, utilizando la terminología de Nietzsche, podía ser tanto dionisiaca como apolínea.

Plotino

La filosofía estética en la época medieval rechazó la belleza, tanto por el paganismo que representaba como por la distracción que suponía, la cual menoscababa lo verdaderamente fundamental que era el contenido. San Agustín de Hipona influenciado por las teorías platónicas definió la belleza como unidad, número, proporción, orden y norma. Posteriormente, Santo Tomás de Aquino, con un bagaje más aristotélico, reformuló el concepto de belleza y la definió en función a la perfección, la armonía y la luminosidad, en tanto esta es el resplandor de la forma. Además, la diferencia de lo bueno y le da valor cognoscitivo. Este pensador consideró la mímesis como arte imitatorio de la naturaleza, no copiándola, sino siguiendo su ejemplo. En suma, la finalidad del arte en el medievo fue religiosa, didáctica y moral.

Maiestas Domini en Sant Climent de Taüll. Pintura medieval religiosa.

El nacimiento de Venus de Boticelli. Pintura renacentista.

La estética moderna se inicia en el Renacimiento, coincidiendo con un cambio de paradigma, relacionado con el nacimiento del capitalismo, que afectará al arte. Las formas adoptan un proceso dinámico y abstracto en detrimento de su valor propio y como alegoría. Aparecen nuevas técnicas pictóricas como la perspectiva o la volumetría. En la ilustración predomina el racionalismo y aparecen nuevos conceptos como el juicio estético y lo sublime, que Kant relaciona con lo bello. Con Diderot se inicia el camino al romanticismo con una predominancia de la hegemonía de lo natural y se abandonala la idea de la armonía matemática.

El caminante sobre un mar de nubes de Friedich. Pintura romántica.

 

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