Clásicos imprescindibles: “La Eneida” de Virgilio

Publio Virgilio Maron, conocido como Virgilio, fue un poeta romano, natural de Andes, que vivió en varias ciudades romanas entre los años  70 a.C. y 19 a.C. Recibió una buena educación cultural que completó en Cremona, Milán y Roma, donde pasó a formar parte del círculo de los poetae novia, así como de los intelectuales más notables. Este autor está considerado, junto con Ovidio, uno de los máximos representantes de la poesía épica de su época. Sus primeras composiciones tratan sobre los campesinos y la vida pastoril, como las Églogas o Bucólicas, y tuvieron un éxito considerable que no casaba demasiado bien con el carácter retraído del poeta. Posteriormente escribe las Geórgicas, un tratado sobre agricultura y, finalmente, inicia en el 29 a.C. su obra maestra, La Eneida.

El contexto histórico en el que Virgilio escribe su obra nos muestra una época complicada, con guerras, brutalidad y profundas crisis socio-políticas. Por un lado, Pompeyo y Craso intentaban entregar el poder al senado. Diez años después formarían un triunvirato con César que acabaría con la República. Virgilio, testigo de todos estos conflictos ve, posteriormente, como de la mano del emperador Augusto, admirado y apoyado por el poeta, se instaura un período de paz. Augusto, que también apreciaba al poeta, le pide parte de sus escritos, a lo que el autor contesta que se encuentra en pleno proceso creativo de su obra La Eneida. Aun así, más adelante le presentará algunos de los libros de la obra.

La Eneida es un poema épico compuesto por doce libros. Los seis primeros, inspirados en la Odisea de Homero, conforman la parte “odiseica” o de aventuras. En esta parte encontramos el periplo por los mares y las diferentes aventuras del protagonista desde que sale de Troya hasta que llega a Italia. Los seis últimos se inspiran en la Ilíada, también de Homero, y muestran las batallas acontecidas, ya en tierras italianas. Tal y como indica su género literario, la obra que nos ocupa está basada en la epopeya oral, que se toma como modelo a seguir y, además, origina las cosmogonías. Nos encontramos, pues, ante una narración escrita individualmente donde se exponen, en tono elevado, las gestas de héroes, divinidades y pueblos.

Virgilio

El autor utiliza la tradición como fuente inspiradora para escribir su obra. Además, esta nos ofrece una simbiosis perfecta entre los dos grandes temas épicos, la patria y la mitología, de forma que los fragmentos referentes a lo mítico se introducen brillantemente en la narración histórica. El argumento de La Eneida revela una exaltación de los orígenes del pueblo romano y está constituido por los viajes de Eneas, héroe troyano de estirpe divina, desde su huida tras la destrucción de Troya pasando por sus viajes por mar, su estancia en Cartago y las guerras que mantuvo para poder establecer su linaje en tierras lacias. El título de la obra hace honor al nombre y las aventuras que corre su protagonista.

Algunas de las técnicas características de la poesía épica utilizadas por Virgilio en La Eneida son: la invocación a la Musa, que encontramos al principio del poema. Esta invocación, que imita los modelos homéricos, aparte de utilizarse para resumir el argumento de la obra, era usada también para dar un carácter divino y veraz a los versos del poeta. De esta forma el poeta, que se expresaba aquí en primera persona, accedía gracias a la Musa, a las palabras adecuadas para seducir al público y se encontraba, asimismo, en disposición transmitir los valores primarios de la sociedad. En el “canto a las armas y al héroe” de La Eneida, el autor solicita a la Musa las causas de la ira de la diosa Juno hacia el piadoso protagonista y hace un breve resumen del poema.

Las siete musas de la mitología griega

En la obra, también podemos encontrar un movimiento narrativo que nos conduce de forma pausada hasta el final así como la técnica de relato retrospectiva, como el flash back, que encontramos en el libro I, concretamente en el relato sobre el caballo de Troya que Eneas hace durante el banquete ofrecido por su anfitriona, la reina Dido, o las técnicas de analepsis proléptica, que nos permiten conocer informaciones futuras, como ocurre en los versos 461 al 472 del libro X, donde Júpiter nos avanza la inminente muerte de Palante —y también la de Turno más adelante— anunciándonos quien será el ganador del combate justo antes de que empiece. Para terminar, también encontramos escenas de carácter narrativo como el combate entre Turno y Palante (versos 440-500 del libro X) o el de Volscente y Nilo (versos 422-445 del libro IX), o la reunión de Júpiter y Venus, donde el primero, envía al hijo de Maya, Hermés, a Cartago para que la reina Dido dé la bienvenida a los Teucros (versos 237-300 del libro I). El objetivo del uso de esta técnica es mantener el suspense, resaltar los aspectos dramáticos y retrasar el desenlace.

Por otro lado, para evitar caer en la monotonía de la narración el autor utiliza recursos como la comparación y el símil, que podemos encontrar, por ejemplo, en los versos 222-224 del libro II, en los que se compara el grito proferido por Laoconte durante su muerte con el mugido de un toro herido; el discurso, como el del fantasma de Creusa a Eneas en los versos 776-789 del libro II o el de Dido antes de suicidarse en los versos 650-662 del libro IV; y las descripciones detalladas, como la descripción de Caronte en los versos 298-304 del libro VI.

Teniendo en cuenta el contexto de importantes cambios políticos en el que se desarrolla esta obra, es posible que Virgilio, mediante su escrito, quisiera dotar a la nueva Roma regida por Augusto, de una cosmovisión basada en los mitos, que aportara legitimidad a esta nueva etapa. Es posible, también, que ese fuera el motivo del interés en la obra de Virgilio por parte del emperador romano. Por consiguiente, la finalidad de esta obra, donde todo gira alrededor del objetivo del protagonista que no es otro que fundar Roma, pudiera ser perfectamente la justificación de un imaginario mítico, conocido por todos, que ejercería un efecto de cohesión en la sociedad de la época.

Emperador Augusto

Casi con su obra terminada, Virgilio decidió viajar y recorrer Grecia y Asia, lugares que se reflejaban en sus versos. A la vuelta se indispuso y murió, dando orden a sus amigos de destruir el manuscrito si algo le ocurría. Augusto se opuso firmemente y ordenó a sus amigos hacer público el manuscrito, el cual tuvo gran aceptación y éxito por parte del público en general, a quien se cree que iba dirigido.

Un rasgo muy destacable de esta obra es que el destino del protagonista, ya prefijado de antemano, prevalece por encima de todo, incluso, de los deseos divinos. Por otro lado, hay una clara justificación de las aventuras del protagonista, Eneas, el cual tiene además un objetivo que se muestra claro en toda la obra y que es la fundación y la glorificación de Roma. Ni siquiera los designios divinos pueden superar este fin. Se hace, pues, necesario que nuestro protagonista llegue a su destino para que el avance de la civilización romana sea posible.

En definitiva, nos encontramos ante un clásico que reúne todas las características literarias de la poesía épica de la época a la altura de clásicos griegos, como la Ilíada o la Odisea. Virgilio, en las diferentes narraciones que conforman su obra, siempre antepone, a todo, el designio del destino del protagonista que es la fundación y el desarrollo de la civilización romana. De esta forma, Eneas queda idealizado como un héroe poseedor de los valores del pueblo romano, que consigue con grandes esfuerzos, luchas y vicisitudes su objetivo de instalarse en tierras del Lacio. En mi opinión, es más un héroe piadoso que sufre y padece que un héroe combativo y valeroso, como pudiera ser Aquiles.

La Eneida

El autor hila brillantemente el relato histórico con la mitología, así como ficción y realidad alcanzando su objetivo de glorificar Roma y la ascendencia troyana y divina de los romanos. El uso de las diferentes técnicas y recursos estilísticos propios de la épica ayudan a que el relato sea más ameno. Aunque la calidad de esta obra maestra es incuestionable, debo decir que la personalidad del personaje principal, Eneas, no muestra demasiada pasión, limitándose a seguir los dictámenes de los dioses, lo que crea un gran contraste con otro de los personajes, Dido —personalmente, mi favorito y el que más me ha impactado—. Resulta fácil para el lector identificarse con la reina Dido, mujer de gran carácter y llena de pasiones humanas. De hecho, las escenas que más me han emocionado han sido su suicidio y su encuentro con Eneas en el Averno.

La barca de Caronte en el Averno

Por otro lado, y ya para terminar, debo decir que las constantes alusiones a una mitología que no todos conocen, pueden enturbiar, en ocasiones, el entendimiento de algunos pasajes de la obra. Asimismo, el lenguaje refinado y erudito con el que se expresa el autor también requiere un esfuerzo de comprensión por parte del lector. El uso constante de diferentes palabras para designar un mismo concepto (troyanos-teucros) o los diferentes nombres dados a los dioses (Júpiter-Jove), podría detener vuestra lectura para buscar información aclaratoria sobre todo ello. Por tanto, es recomendable antes de emprender la lectura de esta poesía épica, realizar un pequeño estudio sobre mitología grecorromana, así como del contexto socio-político de la época. Desde mi punto de vista, todo ello nos dará una base sólida que nos permitirá el disfrute y el entendimiento pleno de una obra que alterna épica, lírica y dramatismo, y desprende una gran humanidad.

By susanagonu


 

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