Crónicas del gym (III): I’m sexy and I know it

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Ahora que ya estamos a finales de febrero es cuando realmente podemos comprobar quién ha llevado a cabo con éxito el propósito de año nuevo de ponerse en forma. El mes pasado hubo un aumento significativo de gente nueva en el gym. Avisados previamente por los monitores de las clases dirigidas, los habituales ya sabíamos que íbamos a estar un poco más apretados, aunque no por mucho tiempo. La gran mayoría de los nuevos no tienen fuerza de voluntad para continuar y, ya sea por uno u otro motivo, acaban desistiendo y tiran la toalla.

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Crónicas del gym (II)

zumba

Han hecho reformas en el gimnasio. La construcción de una nueva sala de actividades dirigidas ha generado un ambiente más dinámico y moderno. Con la novedad, han aprovechado el tirón para promocionar las clases dirigidas con monitores provenientes de otros gimnasios de la misma cadena. Por ejemplo, las clases de zumba, generalmente, con pasos muy marcados, y las sempiternas canciones latinas de siempre, se han convertido en una experiencia divertidísima e inolvidable gracias a Isaac, el nuevo monitor. Hasta mi esposo que no pilla un paso de las coreografías se ha convertido en un alumno asiduo a sus clases.

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Crónicas del gym (I)

Body-Combat

Para quien lo desconozca, el Body Combat está inspirado en las artes marciales y sobre todo, en el boxeo. Suelen ser clases duras, de alta intensidad, y consisten en una serie de ejercicios coreografiados al ritmo de la música en los que se va trabajando el tren superior e inferior alternativamente. Hace poco, en una de estas clases de las que soy asidua, había un monitor con el que nunca había coincidido. Me encantó porque era una animador nato, establecía contacto visual con todos los alumnos, explicaba a la perfección las técnicas y, para más inri, acababa de volver de vacaciones, con lo que tenía la energía a tope y, ciertamente, la habilidad de transmitirla a los asistentes. En una de las secuencias del ejercicio hay una tanda de flexiones, las cuales inicio siempre con mucha energía. Lo malo es que a la tercera bajada el dolor impregna mis músculos, mi cara se pone roja, las gotas de sudor se deslizan por mi frente y me quedo sin resuello. Vamos, un panorama del todo apocalíptico.

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