El concepto de cinismo filosófico solo tiene en común con la acepción actual de cinismo ese punto desvergonzado e impúdico que comparten el cínico de ayer y el de hoy. Diógenes de Sínope forma parte de esta escuela filosófica y practicaba de forma radical el modo de vida promulgado por el cinismo. El texto de Diógenes Laercio, Vida de Diógenes, nos muestra un Diógenes sensible, moralista y con espíritu revolucionario. Además, podemos observar una exaltación de lo natural en detrimento de la cultura y un desafío de las convenciones sociales.

El entrenamiento del cuerpo, considerado como única realidad, contrasta con las enseñanzas platónicas donde la perfección se encontraba en las ideas y en el alma, y se hace necesario vivir con lo mínimo. Se hace patente, también, un crítica directa sobre la hipocresía de las convenciones y los estamentos sociales, así como un rechazo al nacionalismo —los cínicos, igual que los estoicos, consideran el mundo como su patria—. Por último, se ponen en entredicho las tradiciones sociales y se percibe una tendencia a la transgresión.

La base de la filosofía de la escuela de los Cínicos, fundada por Antístenes, tiene sus fundamentos en un rechazo a las ciencias, la cultura, la urbanidad y a las normas y convenciones sociales. Los filósofos cínicos llevaban una vida austera y carente de cualquier bien de tipo material, se identificaban con la figura del perro, tomaban como modelo la naturaleza y los animales, y se erigían poseedores de una libertad radical. El entrenamiento del cuerpo y la mente eran tareas imprescindibles para llegar a la autosuficiencia y la impasibilidad. En realidad, tergiversaron las enseñanzas de Sócrates y consideraban la virtud el bien supremo, convirtiendo el resto de cosas, como la riqueza, el honor, el poder, la belleza, etc. como algo aborrecible, que no aportaba felicidad, y limitando la virtud del hombre a la satisfacción de las pocas necesidades que le imponía la naturaleza.

En definitiva, el cinismo, derivado de los socráticos menores, conllevaba un esfuerzo para conseguir un gran autodominio, tanto físico como mental, y se rebelaba contra la miseria moral que padecen los humanos, mediante la dialéctica y la ironía, interpretando la filosofía como un gesto de insumisión.

Los filósofos cínicos llevaban una vida austera y carente de cualquier bien de tipo material

El estoicismo considera la libertad de palabra y los excesos exhibicionistas de los cínicos como algo incompatible con el conocimiento sometido a la razón. También proclaman vivir de acuerdo a la naturaleza y creen en la aceptación de un destino ya prefijado sin que por ello haya que culpar al mundo o la sociedad, como sí hacen los cínicos. Proponen controlar la pasión mediante el autodominio y llegar a la felicidad a través de la autosuficiencia o autarquía. La libertad se consigue mediante la aceptación de la necesidad y la abstinencia de los placeres y las pasiones. El estoicismo no pretendía abolir las pasiones, sino asumirlas con indiferencia.

Por otro lado, el epicureísmo identifica la felicidad con el placer, la ausencia de dolor y la exaltación de la amistad. La felicidad se alcanza mediante la autosuficiencia y la serenidad, mediante el dominio del cuerpo y la moderación de los deseos. Considera la cultura, al igual que los cínicos, como algo falso por no estar en la naturaleza. Viven de forma indiferente a las injusticias, sin cometerlas ni sufrirlas, y alcanzan la felicidad por sí mismos buscando el placer sabiamente, dejando de lado el poder, afrontando la vida con serenidad y buscando la amistad, sin hacer distinción de clases y sexos.

Así pues, podemos deducir que los elementos característicos del cinismo, extrapolables a los estoicos y los epicúreos son: la naturaleza, como algo que exaltan los cínicos, más vinculada a un orden cósmico que proporciona un equilibrio interior para los estoicos y considerada por los epicúreos como parte del placer del que depende la felicidad. El autodominio será para las tres escuelas indispensable para la consecución de la felicidad. La cultura será considerada como algo falso para cínicos y epicúreos, y como algo indiferente para los estoicos, que asumen que las cosas son como son.

Séneca, máximo representante del estoicismo

El cuerpo también será un elemento común, los cínicos como medio para minimizar sus necesidades, los epicúreos como elemento de placer controlado por la sabiduría prudente con el objetivo de alcanzar la felicidad, y los estoicos como receptáculo para asumir las pasiones con indiferencia o apathia. El estoicismo afirmó su ideal universalista proponiendo una ciudadanía universal en la que participaban,  principalmente, los sabios; los cínicos consideraban la sociedad como una mentira y se proclamaron apátridas, igual que los estoicos; por su parte, los epicúreos no hacían distinción ni de clases ni de sexos.

Las reflexiones de Diógenes se oponen totalmente al pensamiento tradicional que imperaba en las ciudades-estado, donde los asuntos políticos se discutían en el ágora, se planteaban debates sobre los grandes problemas ontológicos y el ciudadano era educado en el civismo, la democracia y en las tradiciones que cohesionaban y daban forma al mundo panhelénico. Los debates filosóficos tradicionales planteados por Sócrates y los sofistas exponían el problema de cómo articular las polis mientras que Platón y Aristóteles planteaban cómo se podía conocer la realidad. El rechazo a la cultura, las críticas exacerbadas a las convenciones y las tradiciones sociales, el sentimiento cosmopolita, la austeridad y el modo de vida, con apenas lo necesario para sobrevivir, marcado por el individualismo, contradice, con creces, el modo de pensar y de vivir, mucho más cohesionado, cívico y cultural que reinaba en las ciudades-estado.

Con la muerte de Alejandro Magno, las ciudades-estado entraron en decadencia ante los nuevos cambios políticos. Las dinastías militares sucesorias constituyeron las nuevas monarquías y junto con los fenómenos de mezcla cultural y de eclecticismo entre el pueblo griego y el persa, provocaron un importante cambio moral y cultural, caracterizado por el individualismo –muchos autores sostienen la existencia de semejanzas entre la situación actual de Occidente y el momento postalejandrino, en tanto nuestra sociedad actual muestra sus dudas y desconfianza, la distancia entre individuos y poder, la sobrevaloración de las emociones, el individualismo y una globalización comparable al cosmopolitismo helénico–. En esta nueva situación, filósofos, sabios e intelectuales abandonan la política en la que habían jugado un importante papel en la época anterior, llegando a ostentar, incluso, cargos públicos, y pasan a representar el prototipo de hombre libre y feliz.

Cita de Epicurio

Por su parte, las escuelas filosóficas clásicas entran en crisis: las virtudes cívicas basadas en la prudencia y en el diálogo se vacían de contenido, pasando del patriotismo de las polis a la autosuficiencia del alma, subjetiva y emotiva. Los ciudadanos, al no poder participar democráticamente del poder, sustituyen su cohesión o ethospolítica por un universalismo abstracto, conciben la filosofía como una terapia para el alma y la política pasa a ser considerada como fuente de ambiciones y preocupaciones incompatibles con la impasibilidad de los sabios. La filosofía helenística, aun con su heterogeneidad, comparte la máxima de que el sabio no puede mezclarse con la miseria de la ciudad, buscando más una sabiduría vital y práctica dirigida a la supervivencia de la subjetividad en una nuevo marco cultural que un conocimiento teórico sobre el mundo.

La pregunta central de la filosofía helenística es cómo orientar la vida del hombre que aspira a convertirse en sabio, “del hombre que aspira a la felicidad individual en un contexto de dolor y de crisis de las viejas certezas comunitarias”, que se autodomina, sin dejarse llevar por las pasiones y deja de lado la vida política y económica.

Es necesario remarcar que el período helenístico, exceptuando los años inmediatamente posteriores a la muerte de Alejandro donde hubo mucha inestabilidad política por las luchas de poder entre sus sucesores, fue el más estable de Grecia —el periodo democrático estuvo marcado por numerosas guerras—. La decadencia del período helenístico no es económica sino moral, el hombre ya no es “la medida de todas las cosas” sino que se medirá a partir de ellas.

La filosofía helenística se caracterizará por una ruptura entre vida cotidiana y actitud filosófica. El filósofo es consciente de que está al margen y escoge separarse voluntariamente de los problemas de la ciudad. Por otro lado, la filosofía de este período es solo para un hombre superior, esto es, el sabio poseedor de una visión cosmopolita que escoge una determinada manera de vivir más que de pensar, mientras hace gala de su autocontrol, de una libertad de vida y de lenguaje a cambio de pobreza y de no intervenir en política.

 

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