El creciente materialismo de la época provocó que un grupo de artistas buscaran un significado a la vida mediante una búsqueda interior de la verdad universal, lo cual llevaban a cabo mediante exploraciones del mundo de los sueños y la dedicación a las emociones humanas. Todo ello generó un arte con temas y símbolos que expresaban preocupaciones por la muerte, el sexo, lo demoníaco y la espiritualidad.

Este movimiento, esencialmente pictórico, que surge en el último tercio del siglo XIX tiene puntos en común con el Romanticismo y presenta imágenes opuestas a la realidad visible o científica en un intento de demostrar una realidad escondida que, aun sin verse, puede intuirse. Su causa común fue el enfrentamiento al obsoleto academicismo, así como al realismo y al impresionismo. Los simbolistas aportaron una estética decadente, con imágenes sublimes, oníricas y perturbadoras, basadas en una iconografía mítica y una mitología del misterio y el ocultismo.

En su afán por defender que el arte debía ocuparse de las ideas y no de la realidad, se apartaron de ella por completo. La ambigüedad característica de este movimiento puede llegar a representar los aspectos más sofisticados de la vida, así como los más denigrantes. Sus fuentes son el romanticismo literario y artistas precursores como Blake, Fuseli o Ingres. Sus temáticas fueron la muerte, con sus alusiones al más allá, y sobre todo, la mujer, como objeto sensual perverso o inocente, y, a menudo, relacionada con la muerte.

El simbolismo debe entenderse más como un movimiento ideológico y no plástico, que reúne muchas “escuelas”. En Francia, entre 1880 y 1890, el movimiento simbolista tuvo mayor coherencia que en otros países europeos. Gustave Moreau puede ser considerado  el pintor más precoz del movimiento y su temática favorita se centró en las figuras de Salomé y Orfeo. Puvis de Chavannes empleó colores fríos que eliminaban la perspectiva ilusoria y se centró en una temática paisajística caracterizada por paisajes silenciosos con figuras de mínimo movimiento y nula excitación, como su obra El pobre pesacdor (1881), paisaje rudo y gris, pero con una gran carga emocional por su enigma y simplificación.

El pobre pescador (1881), Chavannes

Una de las manifestaciones del Simbolismo fue la creación del Salón de la Rose Croix en 1892. Este grupo no tuvo un gran recorrido y tenía cierta dependencia academicista y, a veces, influencia de los prerrafaelistas. No obstante, estuvo fascinado por Nietzsche, Wagner e impregnado por el encantamiento y la necrofilia de Allan Poe. Su apoyo abierto  a temáticas legendarias, mitológicas y oníricas, así como su rechazo a la pintura histórica y patriótica, el orientalismo y los bodegones, han hecho pensar que conformó el marco ideológico del Simbolismo. El pintor suizo  Arnold Böcklin tuvo gran repercusión en este grupo dada su preferencia por las alegorías sobre la muerte y su ambientación en la Antigüedad clásica, a la que imprime una atmósfera inmóvil y suaves tonalidades, lo cual podemos observar en su obra La isla de los muertos (1880).

La isla de los muertos (1880), Böcklin

También destaca como pintor simbolista el austriaco  Gustav Klimt, básicamente, dedicado a la figura. Sin embargo, en su etapa de madurez artística y liberado de cargos públicos, Klimt empieza a viajar en 1890 al lago Attersee, donde, excepcionalmente, pintó muchos paisajes. En su obra El bosque de abedules (1903), podemos observar cómo los árboles ocupan toda la superficie pictórica y las hojas que cubren el suelo nos  transmiten un efecto otoñal con una espectacular gama cromática en tonos anaranjados y verdes. Su técnica basada en el “puntillismo” vendrá motivada por su forma de aplicar el óleo, sobre todo, en las hojas.

El bosque de abedules (1903), Klimt

En síntesis, el Simbolismo puede considerarse como un movimiento de rechazo al academicismo y al realismo, que, además, permanece alejado del impresionismo, aunque se utilizó la pincelada de los pintores realistas y algunas técnicas del sintetismo (postimpresionista). A veces, sus técnicas deficientes provocaban formas de mal gusto o kitsch que frustraban el mensaje que el autor intentaba transmitir. Fue un movimiento muy aceptado por la burguesía, sobre todo, después de haber triunfado en el Salón de París donde muchos simbolistas europeos expusieron sus obras.

En el transcurso del largo y convulso siglo XIX, el arte ha generado diferentes movimientos artísticos comprensibles dentro de su contexto histórico y sociocultural. Desde finales del siglo XVIII y de la mano de la Ilustración y la razón aparece el Neoclasicismo, entendido como una vuelta a los grandes clásicos griegos y romanos, fuentes de las que el artista no solo beberá, sino que intentará recrear. Como consecuencia del triunfo de la razón ilustrada se generará un arte sin sentimiento, sin expresividad, frío y distante, donde predominan los temas históricos y el paisaje aparece como un género menor.

Momentos de cambio y aires de revolución se viven durante el Romanticismo, cuyo marco histórico vendrá dado por las revoluciones de la primera mitad del siglo XIX, en las que se defenderá la libertad y la igualdad, y se exaltarán los nacionalismos. El arte romántico, en contraposición al neoclásico, tomará diferentes variantes en función de la nación en la que surja y se relacionará con los sentimientos y el subjetivismo. El paisaje encontrará en esta corriente a sus máximos representantes de la mano de Friedrich, Constable y Turner.

El Simbolismo fue la alternativa al Impresionismo y nos dejó temáticas decadentes y relacionadas con la muerte que se reflejaron en las obras de la época

El Realismo y el Impresionismo enmarcados en el contexto de la Revolución industrial y los avances tecnológicos revelarán sus diferencias. El Realismo dejará ver un paisaje sincero y sereno, mientras que el paisaje impresionista se llenará de luz y color de la mano de destacados artistas como Monet, Pissarro o Sisley que le imprimirán su particular sello. El Simbolismo acaecido ya a finales del siglo XIX se opone al impresionismo y nos deja temáticas decadentes y relacionadas con la muerte, que se vieron reflejadas en las obras paisajísticas de los pintores de la época, como Chavannes o Böcklin.

De todos los movimientos artísticos expuestos en los anteriores posts de arte, son destacables los artistas románticos, en especial la obra de Caspar Friedrich, la cual es profundamente conmovedora y puede despejar cualquier duda referente al significado de la estética de lo sublime. Ciertamente, es impresionante como puede llegar al espectador esa emoción que el pintor siente ante el abrumador despliegue de la naturaleza y que no solo es capaz de plasmar en sus lienzos, sino también capaz de transmitir.

Por otro lado, la obra impresionista de Monet, en la que puede observarse su excelente dominio del color y la luz, es totalmente cautivadora. También sorprenden gratamente las obras paisajísticas del Simbolismo, entre las que destacan El pobre pescador de Chavannes, en la que, a pesar de las actitudes estáticas de las figuras y la quietud del paisaje, el autor consigue sobrecoger y emocionar al espectador a partes iguales; y La isla de los muertos de Böcklin por su temática mitológica, en relación con la figura de Caronte, y por la belleza serena y cromática que desprende.

 

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