El orientalismo, según Said, es una construcción ideológica proveniente de Occidente que integra una serie de falsedades y prejuicios, y describe el sutil y persistente ataque eurocéntrico contra los pueblos orientales y su cultura.

Esta dominación cultural, vinculada al imperialismo y al colonialismo, se adscribe a una actitud textual, que viene favorecida por la tendencia humana a recurrir a un texto cuando se enfrenta a la alteridad desconocida y por la “creación” de tradiciones mediante los textos, que Foucault denomina discursos. Estos discursos sobre Oriente, avalados por eruditos, instituciones y gobiernos, y repletos de lo que Flaubert llama ideés reçues o ideas preconcebidas, junto al mutismo oriental a la hora de elaborar un contradiscurso han facilitado la forja del orientalismo.

Las obras de ficción y los libros de viajes referidos al “otro” desprenden ciertos tintes románticos que configuran la idea clásica del “buen” Oriente y que nada tiene que ver con la imagen real de Oriente moderno, ya totalmente desmitificada, que se identificaría con el concepto actual de “mal” Oriente. El orientalismo ha definido a Oriente desde una perspectiva general y deshumanizadora que, unida al afán de dominación, los intereses políticos, la hegemonía cultural y la superioridad latente frente a los pueblos no europeos, ha derivado en una crisis que abre una brecha entre Oriente y Occidente.

Los orientalistas de hoy se encuentran un Oriente armado, agitado y revolucionario, mientras se siguen explotando las imágenes inscritas en el imaginario imperialista y colonialista, que califican al oriental de terrorista y libertino. Así pues, los textos que remiten a la alteridad se erigen como algo de vital importancia, en tanto la crisis actual representa, de modo dramático, la disparidad entre los textos y la realidad.

Por su parte, Todorov, define el exotismo como un relativismo configurado a través de la mirada del observador que incluye no tanto una valoración del otro, como una crítica de uno mismo. Es, en definitiva, una utopía más cercana a una idea que a una realidad. Se describe al “otro” no por lo que es, sino por aquello de lo que carece, idealizándolo para formular una crítica a la sociedad europea. El exotismo invalida, pues, la “regla de Heródoto”, en la que prima un tratamiento privilegiado de lo propio en detrimento de los “otros”, que no deja de constituir una paradoja, en tanto no podemos elogiar lo que desconocemos.

El exotismo europeo se vincula a una estima del primitivismo vigente en culturas ajenas que lleva asociada la idea de naturaleza en oposición a los artificios sociales de los europeos. El concepto del “buen salvaje” no muestra un retrato de la otredad, pero sí una síntesis de todo aquello que se asocia a su imagen que, según Lahontan, reúne tres principios: igualitarista –no hay subordinación–, minimalista ­–se toma lo que se necesita– y naturalista –hay armonía con la naturaleza–. De hecho, la idea del “buen salvaje” reside en la creencia de que el ser humano, en su estado natural, es generoso y pacífico, en contraposición a la corrupción propia del hombre civilizado.

Aparentemente alineado con este pensamiento, Rousseau defendía el primitivismo, en tanto el hombre de la naturaleza era preferible al hombre civilizado, sin embargo, Todorov pone en entredicho ese razonamiento reduccionista. En realidad, Rousseau asimila al hombre salvaje con los animales, aunque utiliza libremente algunos de sus rasgos para crear a su ficticio hombre de la naturaleza, el cual no pertenece a ninguna época concreta y tan solo sirve para una mejor comprensión de los hechos históricos.

Las similitudes entre los textos de Said y Todorov incluyen una ausencia de conocimiento real del “otro”. Para Said este conocimiento, inexacto y distorsionado, se crea y se emite desde Occidente en aras de su propio beneficio, mientras que Todorov elabora un elogio al “otro” mediante su idealización, pero sin llegar a conocerlo realmente. Todorov y Said también coinciden en la construcción del “otro” utilizando dicotomías opuestas, es decir, configuran la alteridad mediante lo que “nosotros” tenemos y les falta a los “otros”.

Asimismo, encontramos entre ambos textos algunas diferencias significativas. Said evidencia en su discurso orientalista la trasmisión textual de doctrinas sobre la superioridad europea frente al oriental, al “otro”. En oposición, el acercamiento de Todorov al “otro” se hace desde una perspectiva más igualitaria que admite, incluso, “su” superioridad: “son superiores a nosotros: he ahí cómo se construye el mito del buen salvaje». La visión del exotismo de Todorov también difiere de la de Said, en tanto el primero entiende el exotismo como algo relativo y lo dota de una positividad e igualdad, ausentes en el marco teórico de Said. Si bien este último relaciona lo exótico con una visión clásica y mítica de Oriente, le asigna connotaciones negativas, en tanto estereotipo que favorece una imagen imprecisa y poco real del “otro”.

 

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